Blog

Amar con el cuerpo

Cuando no vivimos conforme al amor, nos embrutecemos nos volvemos toscos, áridos, perdemos esa finura, delicadeza propia del amor, de estar en el otro, nos volvemos a modo animal que funcionan por apetencias e instintos de necesidades propias. Entones es lo que, me apetece, necesito o siento, donde no nos identifica el corazón del otro. De ese modo no podemos estar en lo que necesita, lo que le pasa, lo que espera de mi, y por lo tanto no puedo hacerle feliz, que es el motor del hombre, «la felicidad se encuentra en hacer felices a los demás»En darse. Que nada tiene que ver con sufrir, el amor no es sufrimiento es entrega que llena, dimensiona y resplandece en primer lugar a nosotros mismos. Si no fuera así; ninguno buscaría el compromiso, ninguno se plantearía una relación. No nos enamoraríamos.

El amor es mucho más, por eso el que no quiera sufrir no puede amar, el sufrimiento no tiene la ultima palabra en el hombre, el hombre esta hecho para amar. Por lo tanto cuando esto no lo tenemos claro no podemos estar en el otro corazón, solo estamos en los instintos primarios e inmediatos, y nos volvemos animales en la relación sexual propia del amor  de pareja.

¿Cómo amo a mi cónyuge el la relación conyugal?, ¿que me mueve?, ¿que me hace sentir?, ¿que me hace desearlo, desearla, mi placer o amar?. Es importante pararse, porque si no estamos más en la técnica para conseguir sentir, y llenamos la relación conyugal que es amar con el cuerpo de artilugios y necesidades en todo orden de cosas, lugar, posición, ambiente, películas  etc.. para poder no darme, sino sentir.

La relación conyugal no es desahogo o necesidad animal, no es gozar de los cuerpos, ni con el cuerpo del otro, eso es tener sexo, pero no hacer el amor como su propio nombre indica, es culminar con los cuerpos lo que hacemos con el alma, amarnos. Que nada tiene que ver con el me apetece. Cuando buscamos el placer en el otro, sin buscar al otro, la relación no llena, no es del todo placentera, porque el cuerpo no puede dar aquello que promete, soy yo la que amo no el cuerpo,  se vacía de contenido,empobrecemos el valor de la persona, vaciando  con ello los sentimientos, deseos y emociones, y debilitando a su vez la fuerza que genera para el crecimiento en el  amor conyugal. Hay que amar con el cuerpo, el amor matrimonial exige, necesita de esa transmision del amor en besos, caricias,gestos, esa pasión de la entrega total al otro.

Ese que ama y sabe amar con el cuerpo, es el que desea y anhela la relación conyugal, busca el tiempo oportuno, el descanso necesario para poder tener el encuentro. Ese encuentro vivido por amor, nos hace delicados, saber estar en el amado, el amor es inventivo, sabe salir de la rutina, y todo ello se plasma en la cama. Dejando un regusto de placer no de los cuerpos sino de la totalidad de los amados, que acrecienta y  fortifica el amor, une  y desea un nuevo encuentro. La pasión se vuelve madura, paciente, donde sabe ver a la persona y no solo su cuerpo. Ahi es donde se encuentra la verdadera dimensión erótica del amor, el «placer» de la relación conyugal.

Incapacidad para una relación

Todos llevamos impreso en el alma encontrar un otro que nos ame y que podamos amar. Siempre junto ha de ir amar y ser amado. Que está pasando entonces hoy que las parejas no saben hacerlo, cuantos fracasos, cuantas familias fotas, cuantos noviazgos sin entendimiento, tantísimo dolor… La vida es una pura paradoja, es justo lo que el hombre no quiere por nada del  mundo.

Esta cuestión que os voy a expresar me atrevo  a decir que es la garantía de funcionamiento. No se puede construir nada, si no sé quién soy, que quiero y hacia dónde voy. No vale un conocimiento superficial, que justamente eso es lo que hay , me refiero a un conocimiento hondo, de mis cimientos, de mi yo, de mi realidad, de mi propio ser único e irrepetible. Sin un yo no puede existir un tu si lo hubiera seguramente no lo conoces.

Si no te conoces no puedes manejar los sentimientos y te pregunto, si no sabes manejar tus sentimientos, ¿crees que eres capaz de manejar los de otro?, cuidado aquí no me refiero al sentimentalismo, que esos no se manejan de ninguna manera. La autora del libro «El despertar de la señorita Prim» lo expresa de forma acertada ;

«Detesto el sentimentalismo, pero eso no me convierte en una persona fría. Una cosa es el sentimentalismo y otra el sentimiento. El sentimentalismo es una patología de la razón o, si lo prefiere usted, una patologia de los sentimientos que crecen, se exceden, ocupan un lugar que no les corresponde, se vuelven locos, oscurecen el juicio. No ser sentimental no significa carecer de sentimientos, sino únicamente saber encauzarlos. El ideal ( seguro que estaremos de acuerdo) es poseer una cabeza templada y un corazón sensible.» 

Amar significa un otro, por lo que implica una relación, ya no soy yo, somos un nosotros que debemos de manejar . Si no me poseo, no puedo entregarme, si no me conozco, no puedo identificar ese otro-yo.

Sin ese yo identificado, nos buscamos en el otro incapacitándonos, nos deja a ciegas para identificar eso que nos completa, que anhelamos, que deseamos, que admiramos, que queremos, no por las circunstancias que tengamos, sino por qué hemos identificado nuestro camino, mision. Sin ese yo construimos  una mentira, una irrealidad, no existe, es como un castillo de naipes, que no hace falta ni viento para que se venga abajo. No es que se cayera, es que nunca puedo elavarse por qué el amor es la belleza, el bien y la verdad;  la belleza de ti mismo, el bien que eres y  la verdad a la que estás llamado.  Lo que no se conoce no se puede amar. Búscate tù primero, y después tu corazón, tu alma sabrá identificar tu otro-yo. 

El amor a fuego lento

La inmediatez nos hace vivir de logros y no nos deja saborear esos logros, funcionamos a base de cosas por hacer y cosas hechas. El amor se cuece a fuego lento, no se saborea en el logro cumplido, sino está en  disfrutar y saborear el camino escogido para alcanzar esa meta del deber cumplido.

Podemos tener muy buenas  intenciones y movernos por hacer lo que tenemos que hacer; ir a trabajar, cumplir con nuestras responsabilidades , cuidar de los nuestros, dar a cada uno lo suyo y podemos sentirnos satisfechos puesto que nos miramos y pensamos, «hemos hecho aquello que debíamos de hacer y cumplo de forma responsable, las cosas deben de ir bien», esa es la equivocación, no es cuestión de hacer, es hacer todo si, pero con la fuerza motora del hombre, el amor. Es cuestión de amar en todo aquello que hago.

Parece una tontería pero si invertimos la fórmula no funciona esto de ser feliz y dar felicidad, porque sin el condimento esencial del amor no podemos vivir, que es disfrutar, saborear los momentos presentes que vamos recorriendo para llegar a la meta. De esta manera cada momento lo viviremos con intensidad como si no hubiera un mañana, dejaremos  en cada detalle, palabra, gesto y acto como si fuera el ultimo, se vive con la intensidad del presente y se teje un futuro potente, compacto, robusto que dibuja una marca profunda en nosotros y por supuesto en los demás. Ese olor, ese poso que desprende esa olla cocinada a fuego lento…

Ama y disfruta aquello que haces, se feliz en cada instante de tu día. Vive con la intensidad del amor.

Hay que tener espacio para que entren los demás

Paradojas de la vida, para poder crecer hay que vaciarse de uno, si de uno mismo. Es importante preguntarnos, cuanto estoy lleno de mi; de mis cosas, de mis gustos, de mis comodidades, de mi manera de darme, de mis formas de pensar, etc… Es importante ya digo, porque resulta que estamos de manera continua insatisfechos como cuando tenemos pesadez de estomago, es esa sensación de haber comido más de la cuenta y tenemos que tomarnos algún digestivo para aliviar la hartura. Así andamos por la vida, cuando estamos llenos de nosotros, nos hacemos indigestos nos hace estar agrios, feos de cara y de espíritu por el simple motivo de que lo que nos llenan son los demás, los otros, el amor y cuando estamos llenos de nuestro amor , os pregunto y me pregunto ¿cabe el otro? no solo no cabe sino que lo fácil es apartarlo, rechazarlo.

En esta sensación de hartura no me entran  las cosas importantes de la vida, los pequeños actos de entrega en la vida corriente de mi mujer, de mi marido, los pequeños, incluso grandes gestos de amor de mis hijos, las llamadas de atención por sentirse querido de los nuestros, por la única razón de que nuestra botella esta llena. Para poder ver, disfrutar, VIVIR, hay tener espacio para que entren los demás .

3 aptitudes fundamentales para ello:

  1. No etiquetar a los demás. Ni a mi mujer, ni a mi marido , ni a mis hijos, aunque conozca sus posibles reacciones o comportamientos. Al etiquetar al otro, marcamos un YO pienso, yo creo, yo opino, ahí el otro no se puede dar ni desplegarse y mucho menos tiene posibilidades de mejora y de crecimiento. Esta atado, condenado a lo mismo.
  2. Conocer al otro. Esto conlleva tiempo, dedicación, entrega, posponernos. No sirve sin planificar los tiempos que le vamos a dedicar a los demás fundamentalmente a los nuestros, no es valido el tiempo por compartir el mismo techo, o ver la tele juntos, incluso dormir en la misma cama. Eso también lo hacen los que no se aman. ¿Es posible amar al que no conocemos? o solo de vista, de verlo desayunar oírle roncar, irse a trabajar o ir a recogerlos al autobús o al colegio, mientras hablamos por el teléfono o vamos pensando en nuestras cosas, preguntarle que tal las notas o el examen y que tal en clase, darle la cena y un beso y acostarlo leyéndole un cuento… o salimos a tomar algo mientras los dos whastappeamos con el amigo, o contestamos correos porque mañana tengo un día horrible y de lo que al final conseguimos hablar es de gastos, problemas, planes de fin de semana o vacaciones y situaciones varias de los hijos. Quizás conocemos más a nuestro compañero de trabajo…
  3. Comprensión, cariño.  Esto, llegar a ser comprensivos que es parte fundamental de saber amar, para llegar a «meternos en el zapato del otro» es indispensable las dos actitudes anteriores, sino por más que de corazón queramos hacerlo porque es verdad que los queremos, no sale, no se consigue, no se llega a la meta y nos vamos quemando y terminamos incendiando la familia que hemos creado nosotros mismos porque nos ha dado la gana por amor y para amar.

El amor tiene una forma propia de ser… El alivio para la pesadez es vaciarnos de nuestro yo.

Recuperar el amor: Testimonio de Alberto, post terapia matrimonial.

Recuperar el amor es posible.

Después de este tiempo de terapia matrimonial, quiero expresarte de manera resumida cual es la situación actual. La verdad es que he notado como en este tiempo se ha ido desarrollando un sentimiento ya enterrado que ha hecho que poco a poco acercáramos ideas y posturas y vayamos los dos a una, cuando me refiero a sentimientos enterrados, es como si  hubiera algo que tenia ahí dentro, pero no encontraba, no se si me sabré En referencia  al matrimonio, hay más unión, pero unión ¿en que?, pues unión en cuanto a nosotros, noto más preocupación por nosotros, por estar en comunión en educar de igual manera a los niños, hay días que con solo mirarnos ya sabemos que ha sido un día complicado y la situación puede estar más tirante, pero ahí viene lo bueno y es que sabemos llevarla de otra manera, hay más paciencia, más comprensión y menos exigencia. Cada uno necesitamos  de nuestros tiempos y se respeta y si la situación en algún momento se ha sobrepasado en poco tiempo la hemos vuelto a restablecer.

Yo me siento feliz, porque aunque  parezca algo tonto, me siento cada día mas enamorado y enamoradizo,algo que también compartimos. Valoramos más nuestro tiempo solos y buscamos juntos ese tiempo, personalmente me gustaría que fuera más, pero no es algo que me frustre o me haga decaer, por el contrario hace que cada día desee con más ganas llegar a casa. Eso es otra me siento feliz en casa con  ella, no me importa las actividades, lo pesados que estén los niños, estamos juntos y punto.

A ella la noto más paciente, servicial, cariñosa, me quedo admirado de las cosas que lleva hacia adelante ella sola, y cada día me doy más cuenta  que es algo que prácticamente no había valorado.

También noto que los problemas personales han pasado a un segundo plano, hay que darle a cada cosa su importancia y  es verdad que en este tiempo les he dado más  de lo que debiera y me doy cuenta del daño que que eso ha causado.

Con los niños, siento que el mayor esta mucho más cariñoso conmigo, en general me buscan, se dan, me siento mucho más a gusto con ellos, no me cuesta nada involucrarme en sus deberes, es más quiero hacerlo. Eso si, identifico mi falta de paciencia donde Ana me enseña y me admira el cariño y la paciencia que tiene con los dos mayores.

Me siento feliz y he re-descubierto el matrimonio o quizás lo he descubierto.

Muchas gracias,

Alberto

Dar-se

Esta muy bien que entendamos el matrimonio como darse, como entrega pero no es suficiente para ser feliz la entrega por la entrega, ya que  ese no es el amor completo, es solo una parte, por lo tanto no es posible conseguir la felicidad y en el matrimonio hay que ser muy feliz, no debe pesar. Darse cuesta cuando tendemos hacia el yo, pero darme porqué es lo que tenemos que hacer, por querer ser buenas personas tampoco llena del todo, tampoco nos da esa felicidad de la que habla Enrique Rojas, que es una felicidad relativa una felicidad razonable.. Es la del darse pero disfrutando, sabiendo encontrarnos en esa entrega. Mas fácil todavía, no es que tengo , es quiero darme.

Un verbo libera, llena, anima, pone en marcha, el otro pesa,  lo hace costoso, cansino. Y por una simple razón porque el hombre solo ama en el acto de la voluntad, solo sabe amar así y ahí es donde consigue la felicidad. Por lo tanto no podemos ser feliz en nuestro matrimonio con nuestro cónyuge si nosotros no somos felices haciendo lo que hacemos. El camino no es hacer es cómo hacerlo. La felicidad no esta en la posada sino en medio del camino y  es suma y compendio de una vida autentica como dice Enrique Rojas. Es decir , ¿le quieres?, ¡quiérelo!, ¡quiérela!

Tu crecimiento personal es el punto de partida para transformar tu vida familiar.